“BASTANTE SIN SENTIDO”. ARTE Y BELLEZA EN EL HOBBIT

 

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BASTANTE  SIN  SENTIDO”.      ARTE  Y  BELLEZA 

EN  EL  HOBBIT.

 

 

Philip  Tallon

 

 

¿Qué nos puede mostrar El hobbit sobre la filosofía del arte? O quizás podríamos preguntarnos, ¿qué podría decirnos un hobbit acerca de esto? Si, por ejemplo, Bilbo tuviera que dar una conferencia sobre arte en el museo de Michel Delving, ¿qué diría? Este texto tratará de responder esta pregunta teniendo en cuenta algunos temas clave del pensamiento de Tolkien y de qué forma son presentados en El hobbit.

 

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Una vez que empiezas a mirar, es fácil ver que la estética (el área de la filosofía que se refiere al arte y la belleza) es fundamental para entender el mundo de El hobbit y las visiones de su creador. El arte es continuamente una característica clave en la historia, ya sea el mapa mágico que Gandalf le da a Thorin, los acertijos inteligentes de Gollum, el anillo de poder que Bilbo encuentra, el arte con que Gandalf urde su historia para Beorn o la belleza sin igual de la Piedra del Arca de Thrain.

Las obras de arte son en El hobbit equivalentes a los dispositivos de vigilancia y los documentos secretos en las películas de espías: elementos integrales que llevan adelante el argumento. La historia de El hobbit es un viaje a través del mundo de la artesanía, los artefactos y la habilidad artística. Bilbo sale de su mundo insular y rutinario dentro de la protegida Comarca y experimenta un mundo más  amplio y más extraño de lo que hubiera imaginado. Por supuesto, los propios hobbits no son una raza terriblemente artística. Sin embargo, consideran que fumar sus pipas es un arte, y todos los hobbit, dice Tolkien, aprenden el arte de cocinar –parece que la mayoría de las artesanías de los hobbits están dedicadas a la practicidad y al confort–. images[6]Si Bilbo nunca hubiera salido de la Comarca, de viaje, parecería dudoso que tuviera tanto para decir acerca del arte y la belleza, al  menos que notara quizás la mejor forma de armar una pipa o que sugiriera qué tipo de cerveza es mejor con cordero asado.

 

 

TOLKIEN Y EL ARTE POR EL BIEN DEL MOVIMIENTO DEL ARTE

 

Tolkien, quien vivió entre 1892 y 1973, nació a finales de un siglo que vio un gran cambio en la concepción del arte y la belleza. En la Edad Media, el arte se hacía a medida de la difusión de la Iglesia, ilustrando(tanto literal como figurativamente) el texto de la visión del mundo cristiano. Hacia el siglo XIX, la idea de arte debía adecuarse al mensaje de la Iglesia o servir en primer lugar para confirmar los valores espirituales y morales que habían sido erosionados largo tiempo atrás.

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A través de los cambios en la estética puestos en movimiento un siglo antes por Immanuel Kant (1724-1804), ya no se asumía ampliamente que el arte podía o debería servir como vehículo de instrucción o mejoramiento moral. En los tiempos en que Tolkien nació, se asumía que el arte existía en un reino indiferente o incluso hostil a la verdad y a la moral. Oscar Wilde (1854-1900) expresó el estado de ánimo que prevalecía cuando remarcó que “el arte está fuera del alcance de la moral, ya que sus ojos están puestos en las cosas bellas e inmortales y que siempre cambian. A la moral pertenecen las esferas intelectuales más bajas”. 1

Este movimiento, en el cual Wilde participaba y le daba voz, comúnmente se conoce como “el arte por el arte mismo”.  Dejaba a la moral y a las enseñanzas atrás, de la misma manera que los alumnos dejan sus libros en el aula cuando salen al recreo. wildw-1El arte estaba liberado de tener que hacer algo. James Whistler (1834-1903), el famoso pintor de madres, escribió: “El arte debería ser independiente de toda trampa tonta, debería estar aislado […] y atraer a los sentidos artísticos del ojo o del oído, sin crear confusión con las emociones completamente ajenas a él, como la devoción, la pena, el amor, el patriotismo y demás.” 2

 

Actualmente, la idea de que el arte existe en una esfera separada de los otros ámbitos humanos de importancia es ampliamente asumida en la cultura occidental. La frase “el arte por el arte mismo”, o su equivalente en latín ars gratia artis, suele citarse como una visión estándar de la creatividad. Incluso el eslogan del estudio de Hollywood MGM, que apropiadamente coprodujo las películas de El hobbit.

Tolkien está de acuerdo con este movimiento del arte por el arte mismo, pero solo hasta cierto punto. Al igual que Whistler y Wilde, Tolkien creía que el arte no debería ser visto principalmente como práctico o útil. Por ejemplo, Tolkien expresa con cordialidad que no le gustan ciertas formas literarias, como las alegorías, que explícitamente buscan la enseñanza de un mensaje. 3 A pesar de que Tolkien era cristiano, no creía que el arte simplemente debería ser hecho a medida de la Iglesia; él veía a la creación artística como un fin en sí mismo y no como un simple medio para alcanzar un propósito mayor.

Con palabras similares a las de Whistler, Tolkien escribe: “El arte y el deseo creativo (o, debería decir, subcreativo) no parece tener ninguna función biológica y estaría apartado de las satisfacciones de la simple vida ordinaria biológica”.4 En otras palabras, Tolkien no ve ninguna necesidad práctica para la creatividad; a menos que uno venda mucho arte, este no lleva el pan a la mesa ni pone un techo sobre nosotros.

Más aún, Tolkien parecería estar a favor de la falta de sentido práctico del arte como beneficio real, observando, por ejemplo, que los elfos “son en primer lugar artistas”, cuya magia es “Arte y no Poder, subcreación y no dominación, y una reforma tirana de la Creación”.5 Al escribir acerca de los peligros de la tecnología, Tolkien se lamenta de que los humanos no sean más como los elfos en este aspecto:

 

Está la tragedia y la desesperación e toda la maquinaria que yace al descubierto. A diferencia del arte, que se contenta con crear un nuevo mundo secundario en la mente, trata de actualizar el deseo y de esa forma crear poder en este Mundo, y que no pueda ser realizado con ninguna satisfacción real. La maquinaria que reemplaza al trabajo solamente crea un trabajo peor sin fin.6

 

Es decir que, para Tolkien, la creatividad no se trataba primero y principal de hacer algo práctico. En este sentido, se hace eco del movimiento del arte por el arte mismo.

 

 

SOLO POR DIVERSION”

 

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A la altura de su poder y creatividad, los enanos solo veían el arte como intrínsecamente valioso, y hacía objetos simplemente para disfrutarlos.  Al comienzo de El hobbbit aparecen ante Bilbo para llevarlo a la  aventura. Describiendo lo que ellos habían perdido en su largo exilio de la Montaña Solitaria, Thorin cuenta sobre tiempos mejores:

 

En general aquellos fueron buenos días para nosotros, y los más pobres de nosotros tenían dinero para gastar y prestar y tiempo libre para hacer cosas hermosas solo por diversión, sin hablar de los más maravillosos y mágicos juguetes, como los que no se encuentran en el mundo en estos días.7

 

Crear “solo por diversión” parece ser una actividad también compartida por otras razas en El hobbit. Vemos a Gandalf haciendo aros con humo y escuchando a los elfos cantar. El mago no es superior en cuestiones de juego (recordemos también sus famosos fuegos artificiales), ni tampoco los elfos. Cuando Thorin y los suyos se acerca a la casa de Elrond, escuchan cantar desde los árboles: “Entonces ellos se reían y cantaban en los árboles y bastante sin sentido, me atrevo a decir que piensas. No es que les importara, ellos reirían más si se los pidieras“.8

De forma similar, a Tolkien tampoco le preocupaba si los críticos modernos consideraban que sus historias fantásticas no tenían sentido.  Tolkien inventó y elaboró sin fin su mundo de la Tierra Media sin ninguna otra intención que el entretenimiento privado. “Soy una persona muy seria y no puedo distinguir entre entretenimiento privado y obligación”, agrega Tolkien, “trabajo solamente para el entretenimiento privado ya que encuentro mis obligaciones íntimamente entretenidas”.9

Más tarde, Tolkien confiesa que fue únicamente su amigo y compañero escriba C. S. Lewis quien lo convenció de publicar mucho de lo que había escrito, incluyendo El Señor de los Anillos. “Solamente por [Lewis] alguna vez se me ocurrió que mis ‘cosas’ podían ser más que un hobby privado”. 10 La mayoría de los colegas de Tolkien en Oxford habrían pensado que su creación artística era “bastante sin sentido”, pero el propio Tolkien, como los elfos y los duendes, tenía una saludable apreciación de la creatividad “solo por diversión”.

 

 

ELLOS TAMBIÉN PUEDEN PERCIBIR LA BELLEZA DE EÄ”

 

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A diferencia de muchos de los doctrinarios del arte por el arte mismo, Tolkien le da un espacio a la dimensión moral de una creación artística, especialmente al señalar cómo la creatividad y la apreciación de la belleza son signos de la salud moral y espiritual. 11 En muchas partes de El hobbit, Tolkien usa la sensibilidad por la belleza como una especie de termómetro moral para probar cuándo una persona (o una raza) tiene un nivel saludable de virtud o excelencia moral.

Las criaturas buenas en la Tierra Media de Tolkien tienden a ser creativas y receptivas de la belleza, y las criaturas malas, no. Después de apenas lograr el escape de los trolls, Thorin y sus compañeros encuentran algunas cuchillas de los elfos entre las pertenencias de los trolls. Gandalf se da cuenta de inmediato que esas cuchillas, “con sus hermosas vainas y sus empuñaduras con joyas”, no podían haber sido hechas por los trolls.12

Tolkien también señala que las canciones de los duendes son más un croar que un cantar, y como una confirmación más de que los duendes son “crueles, malvados y de mal corazón”, Tolkien declara que ellos “no hace cosas hermosas,  pero hacen cosas inteligentes”. En realidad, Tolkien señala que es muy probable que los duendes hayan inventado alguna de las máquinas usadas hoy en día para matar a varias personas al mismo tiempo.13 Esto contrasta con la forma en que Tolkien elogia a los elfos como “primariamente artistas”, quienes buscan “Arte y no Poder”. Claramente Tolkien está sugiriendo que la buena creatividad apunta a producir belleza y disfrute, no muerte y destrucción.

 

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La creación artística es un signo de que podemos amar a algo más que a nosotros mismos. La misma existencia de los enanos florece de este buen deseo de crear a partir del amor. En El Silmarillion Tolkien cuenta que Aulë el Herrero (uno de los Valar, seres casi angelicales similares al Dios de la Tierra Media) quería amar a algo más y por eso creó una raza de pequeñas personas fuertes, también herreros como Aulë. Cuando Aulë se mete en problemas con Ilúvatar, la figura de Dios en la Tierra Media, por criaturas vivientes sin permiso, explica por qué lo hizo a sus espaldas:

 

Yo deseaba cosas más allá de mí, para amar y para enseñar, de modo que ellos también perciban la belleza de Eä [el universo físico] que has creado. Me pareció que había gran espacio en Arda [la Tierra y su sistema solar] para muchas cosas que podrían regocijarse en ella, ya que está en su mayoría aún vacía […]. No obstante, hacer cosas está en mi corazón, el cual fue hecho por ti.14

 

Aquí Aulë explica por qué quería hacer a los enanos en primer lugar: pensaba que el mundo podía usar algunas otras criaturas para disfrutar su belleza. Debido a esta completa buena intención de parte de Aulë, Ilúvatar no destruye a los enanos y les permite ser una raza de la Tierra Media.

La motivación de Aulë contrasta con la de Saruman, cuando este último crea una raza de mejorada de superorcos resistentes al sol (Uruk-hai) y se puede ver con claridad la diferencia entre la creatividad moral y el deseo inmoral de dominación y corrupción. Aulë solo quiere crear a partir de la benevolencia creativa y el disfrute; Saruman, con su “mente de metal y ruedas”, quiere la dominación, sin importar que tan horribles sean sus craeaciones.15

 

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Es fácil de ver, entonces, que la apreciación estética y la artesanía son indicadores morales positivos en el  mundo de El hobbit. Esto se relaciona con la postura de San Agustín acerca de la virtud como un ordo amoris o “el correcto orden de los amores”.16 Tolkien, quien siguió la escuela de la tradición de San Agustín, parece estar de acuerdo con que las buenas persona (y los buenos hobbits, los buenos enanos, y el buen Valar) aprecian el buen arte, mientras que los seres malvados carecen de gusto apropiado por la belleza. Quizás el mejor ejemplo de esto en El hobbit es cuando Thorin habla sobre dragones en su primer encuentro con Bilbo:

 

Los dragones roban oro y joyas, tú sabes, a los hombres y elfos y enanos donde los encuentren; y custodian su botín mientras viven (lo que es prácticamente para siempre, a menos que los maten) y nunca disfrutan ni de un anillo de lata. En realidad, ellos apenas saben poco de un mal trabajo, pero usualmente tienen una buena noción del valor de mercado actualizado y no pueden hacer cosas para ellos, ni siquiera reparar una escama floja de su armadura.17

 

Los dragones no pueden apreciar la belleza de nada, ni tampoco pueden hacer algo ni reparar una escama floja de su armadura. Esto es especialmente significativo para Bilbo, dado que es quien detecta el agujero en la armadura de Smaug y se lo informa a un tordo, quien a su vez se lo informa a Bardo, quien mata al dragón apuntando una flecha a ese agujero que el dragón se había negado a arreglar debido a su incapacidad para la habilidad artística. Todo el libro es una bisagra en el simple hecho de que los dragones no son artísticos y no tienen una verdadera preocupación por la belleza, solo por la posesión de las riquezas materiales.

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Varios personajes de El hobbit están afectados por la enfermedad del dragón, una lujuria loca, mágicamente inducida por el tesoro acumulado del dragón, incluso el Maestro de la Ciudad del Lago, a quien se le dio una buena parte del oro de la montaña para reconstruir el pueblo, pero huyó con él y “se murió de hambre en el Desierto”.18 De forma similar,  Thorin se obsesiona con la belleza de la Piedra del Arca después de que los enanos vuelven a tener posesión de la montaña. “¡Era como un globo con miles de facetas, brillaba como la plata a luz del fuego, como agua en el sol, como nieve bajo las estrellas, como lluvia en la Luna!”.19

La obsesión de Thorin con la Piedra del Arca es diferente de la codicia del Maestro o del dragón, porque él se deja llevar en primer término por la belleza del objeto que busca, pero lo afecta de forma similar. Thorin se vuelve temporalmente demente por su deseo de recuperar la Piedra del Arca (que Bilbo posee en secreto). Esto muestra que aun las cosas bellas pueden causar que nuestra brújula moral nos extravíe, justo cuando el deseo por otro bien, como la justicia o la verdad, puede hacer que actuemos de manera inmoral.

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Pero aún se debe destacar que Thorin se corrompe de una manera que un dragón o una persona meramente codiciosa no podría. Su deseo por la Piedra del Arca va más allá de su valor. Como dice Thorin, “La Piedra del Arca de mi padre […] vale más que un río de oro y para mí no tiene precio”.20

 

 

EL AMOR POR LAS COSAS BELLAS”

 

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Al comienzo de El hobbit, Bilbo es interrumpido bruscamente en su existencia pacífica Bolsón. Gandalf, quien lo interrumpe, expresa su desilusión de que como Tuck (un tipo aventurero), Bilbo sea tan cauteloso sobre las aventuras que lo hacen llegar tarde a cenar. Pero cuando Thorin saca su hermosa arpa dorada y comienza a cantar una canción acerca de la Montaña Solitaria, el resto de los enanos se unen a él. La canción moviliza a Bilbo:

 

Mientras ellos cantaban, el hobbit sentía el amor por las cosas bellas hechas a mano y por la astucia y la movilización mágica que sentía a través de las canciones, un amor feroz y celoso, el deseo de los corazones de los enanos. Entonces algo aventurero se despertó en él y deseó irse y ver las grandes montañas y escuchar los árboles de pino y las cascadas y explorar las cavernas y usar una espada en vez de un bastón para caminar.21

 

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Escuchando la hermosa canción, Bilbo despierta a un mundo más grande y a valores más profundos. La visión de Tolkien de la belleza en El hobbit es similar a la de Elaine Scarry, una filósofa de arte contemporánea. En su libro On Beauty and Being Just [Sobre la belleza y ser justo], Scarry critica la idea del arte por el arte mismo respecto de que la belleza existe separadamente del reio de la moral. Para Scarry, “la belleza nos prepara para la justicia”, porque ver algo bello nos “con una urgencia de protegerlo o actuar en su nombre”. 22 A través de la canción, Bilbo comparte algo del “deseo de los corazones de  los enanos” y comparte el deseo que los consume para recuperar el tesoro robado por el dragón.

Iris Murdoch (1919-1999), una filósofa moral y compañera de Oxford de Tolkien, también conectaba la apreciación de la belleza con el imperativo ético de la preocupación por los demás:

 

En disciplinas intelectuales y en el disfrute del arte y la naturaleza, descubrimos el valor de nuestra habilidad por olvidarnos de nosotros mismos, para ser realistas, para percibir con justicia. Usamos nuestra imaginación, no para escapar del mundo sino para unirnos a él, y que esto nos estimule a nosotros debido a nuestra conciencia ordinaria aburrida y a una aprehensión a lo real.23

 

Este tipo de despertar de conciencia es exactamente lo que vemos en Bilbo cuando se encuentra por primera vez con la belleza de la canción de los enanos. Antes de esto, Bilbo solamente podía pensar en el confort y en una rutina placentera. Las aventuras eran simples “cosas desagradables perturbadoras que incomodan” que “te hacen llegar tarde a la cena”.24 Después de escuchar la canción, sin embargo, Bilbo puede sentir que podría haber cosas más importantes en la vida. Algo se despierta dentro de él y quiere experimentar más que su vida fácil y confortable. Entonces, parado frente a la cota de mithril prestada al museo en Michel Delving, Bilbo no dudaría en decir que la belleza y el arte no son solo buenas para crearse a sí mismas (a pesar de que lo son) sino que son meros signos de salud moral (a pesar que también lo son); más bien encienden la imaginación y encandilan el corazón con un deseo por cosas más grandes, más difíciles y más nobles. En conclusión, Bilbo no dudaría en reconocer con gracia que esto no es sólo una pequeña ventana en el gran campo de las artes, porque él después de todo es simplemente un pequeño hobbit en un mundo más grande.

 

 

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1                              Oscar Wilde, “The Critic as Artist”, en Intentions, Londres, Methuen, 1913, pp. 190-192.

2                              James McNeill Whistler, The Gentle Art of Making Enemmies, Nueva York, Courier Dover, 1967, p.127.

3                              J. R. R. Tolkien, The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, Nueva York, Del Rey-Ballantine Books, 2001, p.x.

4                              Humphrey Carpenter (comp.), The Letters of J. R. R. Tolkien, Boston, Houghton Mifflin, 1981, p. 145.

5                              Ibíd.,  pp. 146, 192.

6                              Ibíd., p. 88.

7                              J. R. R. Tolkien, The Hobbit: or, There and Back Again, Nueva York, Del Rey-Ballantine Books, 2001, p. 23.

8                              Ibíd., p. 49.

9                              Humphrey Carpenter (comp.), The Letter, ob. cit., p.218.

10                       Ibíd., p. 33.

11                       Tolkien señala que uno de sus objetivos al escribir los relatos de la Tierra Media fue “estimular la buena moral”, ibíd.., p. 194.

12                       J. R. R. Tolkien, The Hobbit, p. 42.

13                       Ibíd., p.62.

14                       J. R. R. Tolkien, The Silmarillion, ed. De Christopher Tolkien, Boston, Houghton Mifflin, 1977, p. 41.

15                       J. R. R. Tolkien, The Lord of the Rings: The Two Towers, Nueva York, Del Rey-Ballantine Books, 2001, p. 76.

16                       San Agustín, The City of God, trad. De Philip Devine, Cambridge (MA), Harvard University Press, 1966, 4, p. 536.

17                       J. R. R. Tolkien, The Hobbit, p. 23 (el énfasis me pertenece).

18                       Ibíd., p. 305.

19                       Ibíd., p. 231.

20                       Ibíd., p. 268.

21                       Ibíd., pp. 15 y 16.

22                       Elaine Scarry, On Beauty and Being Just, Princeton (NJ), Princeton University Press, 2001, p. 88.

23                       Iris Murdoch, The Sovereignty of the Good, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1970, p. 93.

24                       J. R. R. Tolkien, The Hobbit, p. 4.

 

 

 

 

Philip  Tallon.

(El hobbit y la filosofía.

Editado por Gregory Bassham y  Eric Bronson.

Editorial: Del nuevo extremo. Buenos Aires, 2013).

 

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