El deseo y la atestiguación

 

El filósofo piensa y obtiene el país de su pensamiento a partir de una obra o un concepto ya existentes.  Progresa y fija. Gracias a él, de repente, un dios no dignatario se encuentra dentro de los tejidos del hombre como un mineral dentro del aire. El filósofo será el primero en establecer su indivisibilidad y en acariciarle la cabeza adolescente. Después de su intervención, ese algo innombrable

El filósofo piensa y obtiene el país de su pensamiento a partir de una obra o un concepto ya existentes.  Progresa y fija. Gracias a él, de repente, un dios no dignatario se encuentra dentro de los tejidos del hombre como un mineral dentro del aire. El filósofo será el primero en establecer su indivisibilidad y en acariciarle la cabeza adolescente. Después de su intervención, ese algo innombrable que nos tenía cogidos nos suelta. El filósofo habrá reducido la idea que serpenteaba desapercibida: la de castigar sin lamentarlo. Pero el navío de rigores que apareja ya sólo enarbola el pabellón del exilio.  El filósofo no divulgará el secreto que sigue y no tocará el viático último; impedirá el acceso a todas las tentaciones de acabar con ellos.

René Char

que nos tenía cogidos nos suelta. El filósofo habrá reducido la idea que serpenteaba desapercibida: la de castigar sin lamentarlo. Pero el navío de rigores que apareja ya sólo enarbola el pabellón del exilio.  El filósofo no divulgará el secreto que sigue y no tocará el viático último; impedirá el acceso a todas las tentaciones de acabar con ellos.

El poeta funda su palabra a partir de algunas brumas, de un rechazo vivificante o de un estado omnidireccional inmediatamente digitado. La sustrae al vagabundeo provincial y la eleva hasta el cuadro universal. Con ella no sorprenderemos el instante de la caída de las brasas. De omisión en omisión y de sospecha en dolor, el poeta es lo contrario de un dinasta: es un jornalero, el más irresuelto y distante de todos, y como eterizado en lo implacable; así como capaz de abalanzarse sobre el mejor vallado de los amores.

El físico tendrá que cobrar escrúpulo de que es el brazo derecho de un soberano muy temporal, obtuso y probablemente criminal. Lo que modifica o traspone son leyes graduadas, mantenidas en secreto en la carne tractiva de los hombres. Cañón de exterior vuelto hacia dentro, tira contra blancos en el alma. Estos aparecen ante sus espléndidos ojos cerrados como un sol reactualizado, un río sin su final de océano.

¿Cuál de los tres acondicionará el espacio conquistado y las terrazas devastadas?

Octubre de 1966

Indagación de la base y de la cima.

René Char.

(Traducción: Jorge Riechmann).

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