LA DESHUMANIZACIÓN DE LO BELLO

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LA DESHUMANIZACIÓN DE LO BELLO

La búsqueda de la verdad es un ejercicio peligroso. Su búsqueda es una especie de Santo Grial ansiada por muchos, y soñada por otros tantos. Pero lo cierto es que la verdad es tan pura que puede matar. Ciertas vertientes del conocimiento pueden caer en esta tentación de llegar a este viejo arcano, con las terribles consecuencias de alcanzar un delirio perpetuo. El arte, en cambio, es una suerte de disciplina que intenta recrear, imitar o incluso, otras veces, moldear esa visión que nos parece objetiva e inamovible que denominamos realidad. Sin embargo, no pocas veces, este intento termina en tergiversar y variar el concepto observado, consiguiendo alcanzar un status de belleza en esta representación particular de lo que nos rodea. El arte es como un espejo cóncavo, o convexo según sea el caso, que nos refleja todo lo relacionado con la realidad, simplemente se aproxima a la verdad del mundo real, o por lo menos lo intenta.

Es el acto creador en este intento de aproximación a la realidad que nos libera de las garras de la Verdad, de ese afán patológico de alcanzar la Verdad imperial. Por ello, son el arte, la literatura, la música, disciplinas y tendencias liberadoras de manera íntegra, que nos salvaguardan de la pureza tóxica que nos precipita a los aledaños de la muerte, del fanatismo, de la estulticia, de la mediocridad, y nos acerca al pórtico de la necedad más elevada y posible en este mundo.

El arte es un engaño consentido y admitido, pero a su vez pactado y estipulado. Todo es ficción. Pero todavía existen diferencias entre una actitud comprometida en lo fingido, o una actitud impostada en este engaño, formada a partir de una intersubjetividad consensuada. Todavía podemos encontrarnos excesos voluntarios y falaces en un artificio hiperbólicamente actuado, efectuado o representado. Y esto, no es más que otro precipicio que nos podría llevar hacia actitudes de deshumanización de la belleza, posiciones que lindan con el desahucio de lo bello; ya que, no todo vale bajo el prisma del autoengaño.

SIGFRID MAASTRICH

CA-31007

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